A veces creo que esto no es otra cosa que palabras, palabras, palabras, desde luego que no soy yo quien lo dice por primera vez, se le atribuye a un personaje shakespeariano, Hamlet.
En ocasiones intento escribir, que eso ya es decir mucho, luego a eso que escribo intento darle cuerpo de poesía, pero el cuerpo no es la forma en el que se disponen las palabras o los versos supuestos, sino lo que intento decir con ellos, en definitiva soy malo para la poesía, pero eso trato de tener constancia aunque una cosa no lleva a la otra. Me gustan las historias cortas, las historias grises, las historias de los que pierden, de los que andan todo el tiempo de un lugar a otro a pie, los que caminan. Pienso que un buen inicio de historia es: “Ella lo tenía todo”, o quizá este: “Ella siempre decía que no”. Es mitad de semana, el caso es que ando enojado, me ganan las cosas en ese trabajo que no me sirve para otra cosa que no sea perder el tiempo y para ver como unos cuantos se agachan a lamer botas, a veces como hoy, me da por pensar que estoy perdiendo el tiempo, pero no se qué otras cosas pueda hacer. Palabras, palabras, palabras, quizá si encuentro la forma exacta de combinarlas pueda escribir algo que valga la pena, una breve historia algo que no me va a sacra de pobre, pero que me puede ayudar a conseguir un trabajo más decente en cuanto a eso de tener que soportar a gente que no tiene el más mínimo sentido de lo que es la dignidad. Este trabajo a veces creo que es de lo más triste y eso me encabrona. Leer, pero sobre todo escribir, es toda una aventura, es l alegría máxima, la diversión en todo su potencial, pero eso es algo que casi todo mundo ya sabe.
Así que un día lo deje todo, una casa que no era nada bonita (la casa era de bloques huecos, de miserias y de miedo), la construí desde los cimientos y en cuanto la terminé me marche del lugar, pensé que tal vez mi verdadero destino estaba en el convertirme en escritor, que con eso no solo podría vivir a gusto, acostumbrado a la pobreza la estoy y a ganar unos cuantos pesos, algo que solo sirve para sobrevivir y nada de lujos. El caso es que me convertiría en escritor y pagaría las deudas, a cambio de eso me dio por vagar por diversas ciudades del mundo, ya ni quiero recordar cuantas fueron o las diferentes cosas que me sucedieron, como por ejemplo un día la policía española de migración, me parece que fue en San Sebastián, me deporto a Francia porque para ellos yo era un árabe sospechoso y que mi pasaporte de mexicano era falso, muy bueno pero falso, supongo que me dijeron eso porque tenía una barba muy larga. La cosa es que salí de casa para convertirme en escritor y no he logrado mucho. Eso si mi individualidad me ha llevado por ese camina de la liberación y me siento muy bien con lo que soy y con lo que hago (desde luego que no hablo de las cosas que pasan en el trabajo, lo que en verdad me tiene descontento es la actitud de la gente que se supone dirige un lugar y no tiene ni puta idea de cómo se llama o que esta haciendo).
Enfrentar la realidad suele ser algo duro, agrio y se puede convertir en un acto sin sentido. Pretender ser escritor, es un ejercicio aún más duro, árido, un ejercicio de soledad, de silencios y de vacios. Hay días en los que las palabras, se niegan a formar una maldita oración, no es un problema de inspiración o de no estar haciendo bien lo que nos toca hacer si es que se desea escribir, la cosa no es así, no es el conflicto del escritor ante la hoja en blanco, se trata de algo mucho más banal, me dejo llevar por una serie de circunstancias que nada tienen que ver con mi vida, es decir, si alguien ha hecho o no lo que le corresponde, y si lo hace bien y esas cosas que no tienen sentido y me distraen de mi tarea diaria en este intento por hacer la tarea que me impuesto. Ahora bien escribir es enfrentar la realidad, es ver la vida con todas sus dificultades y asperezas, en otras palabras no se puede vivir de ello, o mejor dicho, no como uno quisiera.
El caso es que hoy me pregunto, sino es tiempo de replantear la novela, sino es tiempo ya de tomarme en serio la idea de escribir y olvidarme de no sé cuantas cosas que me distraen a diario, es decir volver disciplinado pero sobre todo, me pregunto si no es tiempo de renunciar a este trabajo y buscar algo que me mantenga más tranquilo, sereno en lo que tenga que ver con eso y dejar que una turbulencia me arrase, me trague y me convierta en su esclavo mientras escribo. Replantear sea quizá en este instante, poner en claro que es lo que busco en mi historia, volver a escribir la primera línea no significa escribir otra novela, sino darle ese enfoque que me permita trabajarla con mayor fluidez, después de todo, a diario nos reinventamos, nos ponemos a trabajar y casi todos contamos historias. Me gustan las historias en las que las mujeres son las protagonistas, me gustan las aventuras y me gusta esta vida en la que me propuse ser escritor, no creo estar viejo para ello, y quizá si este viejo para buscar publicar una primera novela, pero la vida intelectual no está condicionada a la edad, más bien es cuestión de capacidad, o puedes o no.
Hoy pienso que voy a salir del trabajo apretando contra mi pecho la historia con la que tanto he trabajado, tal vez me este lamentando el no saber si seguiré trabajando con ella o no, tal vez no logre lo que pretendía desde la primera línea o tal vez estoy tan acostumbrado a ella que comienzo a sentir nostalgia y no encuentro un lugar donde esconderme. Así que tengo una cita con lo que soy, con esa realidad diaria, del trabajo, eso no tiene importancia, quizá sea tiempo de tomar las cosas como son, olvidarme de los que me rodean, en una palabra no son dignos siquiera de una palabra, están sumido en su egoísmo y no saben hacer otra cosa que buscar su bienestar a costa de joderse a quien sea. Me apena, pero al mismo tiempo no tiene importancia. Lo importante es mi novela, ese pequeño bebe que se resiste y de quien me duele desprenderme, toda la música contenida en ella, todos esos actos, y todo lo que va de mí en ella. Creo que aún sigo buscando y aunque a veces pienso que esto no es otra cosa que un conjuro donde día a día salen palabras, palabras, palabras, que intentan enroscarse para formar una pequeña historia con la dificultad que ello representa, soy un hombre alegre, divertido y amante de las aventuras, al que le gustan las chicas, sobre todo esas chicas que se atreven a robarle, el aire, la luz, los sonidos. Salí de casa, ese lugar triste, oscuro, melancólico, donde un día pensé que me iba a morir de viejo y sin hacer lo que en verdad me gusta, salir de ese lugar es en si el primer paso de esta aventura, escribirla esa es una historia diferente en la que encontrar el tono adecuado es de lo más complicado y hermoso. Me gusta esta vida que para mí está llena de eso: palabras, palabras, palabras.
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