—Si no es ahora, entonces cuando—dijo ella, mientras dejaba escapar una sonrisa que nos contagiaba a todos
Era tarde y ella me había reclamado que escribiera esa historia, donde confesaba que en algún tiempo fuimos amantes, no precisamente ella, pero era el nombre, el cuerpo y todas las descripciones que coincidían, con lo que es ella. Antes no importaba que usara su nombre, es más podía decirle lo que me viniera en gana, fue así como sucedieron las cosas, un día la invite a salir y nos dejamos llevar, aunque decir que nos dejamos llevar es un pretexto para no tener que explicar nada. Más que dejarnos llevar, lo que sucedió es que ambos lo deseábamos con tal fuerza que el encuentro era inevitable, todo era cuestión que uno de los dos lo propusiera. A mí me gusta sentarme allí, en el transfer, corría el riesgo de que los cirujanos comenzaran hablar y esos rumores llegaran a los oídos de mi mujer, pero la verdad es que no me importo mucho. Me gustaba estar allí, en verdad la pasaba bien y las risas se llevaban con facilidad mi mal humor y mi constante dolor de cabeza, nunca antes había encontrado un remedio natural para mis dolencias y yo estaba encantado.
—¿Por qué?
—Estaba desesperado y no quería perderte
—¿Por qué?
—Porque soy un tonto, porque pensé que si lo escribía tú entenderías lo mucho que te quiero, por eso.
—¿Cómo sabes que te querría más?
—Porque no puede ser de otra forma, a ti no te interesa el dinero y aún crees en el amor, y una historia de amor siempre es mejor a cualquier cosa.
Nos sentamos uno al lado de otro, nos recargamos en la pared y yo lancé el más profundo de mis suspiros, de haberlo querido nunca lo habría logrado. Ella me dijo que se le antojaba una Coca, le pregunté si de dieta y me mando al diablo al tiempo que me decía, que eso a ella no le hacía falta y desde luego que tenía razón. Nos quedamos un buen rato mirándonos, no había nada nuevo, yo seguía igual de pelón que la última vez y a ella no se le borra del rostro esa sonrisa.
—Demonios, ¿por qué he tardado tanto en saber que tú eres lo que necesito?
—Porque antes no tenía novio y ahora que lo tengo tú te sientes vulnerable, es por eso.
—Tenías que esperar, darme una oportunidad más, lo sabes muy bien
—Querido, era ahora o nunca, tú sabes que la vida se nos va entre suspiros.
Una de sus compañeras se le acerco y le dijo que si pensaba irse temprano, y que de no ser así, le pedía por favor que le ayudara con la siguiente cirugía y mientras le estaba diciendo eso, le acerco unas hojas que eran parte del expediente del paciente. Es una nefrosctomía percutánea agrego. Ella se movió ligeramente. El cirujano pasó con su ayudante. La luz del quirófano era cegadora. Ella llevaba su nombren en la filipina. Ella tenía frío se le notaba en los brazos. El médico cirujano ordeno que le bajaran al clima que le preocupaba que el paciente se pusiera hipotenso. Yo me levante. Y antes de irme le dije que tal vez más tarde podríamos hablar, ella sonrió y eso me dio un poco de esperanza. No podía ser posible, no podía creer que aquello con ella se estuviera terminando, no deseaba creerlo.
La guardia termino a la hora pactada.
—Te vienen a recoger
—Qué importa si vienen o no, a ti nunca te ha importado, siempre me voy sola
—Sería mejor irnos juntos. Si nadie viene por ti, me gustaría llevarte a tu casa, quizá nos podemos detener en el camino a cenar algo.
Pasaron más de cinco minutos antes de que ella dijera algo. La noche era fría. Ella tenía puesto su cubre polvo y los labios pintados de rojo, su sonrisa me estaba matando y yo lo único que deseaba era tenerla en mis brazos y poderla besar, Dios sabe cuánto deseaba besarla y por nada del mundo la obligaría hacerlo, nunca lo había hecho.
—¿Qué deseas?
Me le quede viendo.
—¿Otra oportunidad?
—No vale la pena, contigo nunca dejare de ser la otra y sino aprovecho ahora la oportunidad que tengo, entonces cuando—ella me miro fijamente. Baje la mirada y ella comenzó a marcharse.
—Me quedare toda la noche contigo—nunca tengo sueño y podemos quedarnos despiertos hasta las tres o cuatro de la mañana para que tú puedas descansar.
—Eso lo hubieras hecho la semana pasada. Ahora ya no me interesa.
Sentí ganas de decirle que si no se quedaba conmigo esa noche yo estaba dispuesto a suicidarme, que no podría tolerar, saber que ella estaba con otro, pero mi voz se quedo ahogada en un silencio que hasta el día de hoy no sé explicar. Ella avanzó unos cuantos metros, y se volteo suavemente y su sonrisa en total plenitud choco con mi mirada. Y dijo:
—Lo siento querido, tal vez si no funciona te busque, pero por ahora deja que sueñe que esta es mi oportunidad.
